Buen Punto…


Una campa√Īa admirable por la dignidad humana
noviembre 28, 2008, 3:12 am
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Hace ya varios meses, a principios de √©ste a√Īo y finales del anterior, estuve realizando mi trabajo de grado con un grupo de j√≥venes en una zona inveros√≠mil de la ciudad. La Loma es una vereda del corregimiento de San Crist√≥bal, encaramada en las monta√Īas que rodean a Medell√≠n por el occidente. Con la timidez normal de quien se enfrenta a un grupo de desconocidos, llegu√© a trabajar con √©ste grupo ya conformado de j√≥venes cacharreros y apasionados por la tecnolog√≠a, la informaci√≥n y los movimientos sociales.

ConVerGentes es un grupo sui generis. Dejando a un lado la descripci√≥n de lo que con la informaci√≥n hacen, que ya puede encontrarse reiteradamente en la web (como lo hacen Catalina, Deneiber, Carmen o Gabriel), hoy hago referencia al sentido de altruismo y entrega sin igual y admirable que demuestran. La historia de Suso ha sido fiel y rom√°nticamente relatada por este grupo juvenil, adem√°s de haber sido objeto de conmoci√≥n en el universo blogueril mundial gracias a la propagaci√≥n de dicha historia (como se puede ver aqu√≠, aqu√≠, aqu√≠ o aqu√≠). La resumir√©, muy escuetamente, para quienes no hayan escuchado antes de ‚ÄúSuso Mugre‚ÄĚ.

Algunas vistas de la casa de Suso. Gabriel Vanegas me guiaba.

Algunas vistas de la casa de Suso. Gabriel Vanegas me guiaba.

Este personaje, un anciano reciclador habitante de La Loma, tuvo como padres a los donadores de los terrenos en los que hoy se encuentran el colegio y la Biblioteca P√ļblica Piloto de La Loma, epicentros de la cultura y el conocimiento en este peque√Īo poblado. Sin embargo su noble ascendencia, Suso se encontraba hasta hace poco sufriendo las inclemencias del tiempo debido a que su casa se estaba, literalmente, cayendo por pedazos.

Hace unos meses los ConVerGentes se apoderaron de √©sta causa, y con sancochos, rifas, colectas y dem√°s expresiones fieles de la berraquera y el rebusque paisas, el 6 de febrero de 2007 lograron juntar para la demolici√≥n de la casa amenazante, y la planeaci√≥n de una nueva, m√°s peque√Īa pero m√°s segura. Esa era una primera fase. El infortunio lleg√≥ cuando se dieron cuenta de que un familiar, desconocido hasta el momento, estaba reclamando la pertenencia de los terrenos en los que se planeaba la construcci√≥n de la nueva casa de Suso Mugre. Todo parec√≠a irse al suelo.

Sin embargo, √©ste inconveniente legal pudo ser sorteado. No lo s√©. Espero que as√≠ haya sido. Ahora los esfuerzos se a√ļnan en una nueva campa√Īa de recolecci√≥n para terminar la peque√Īa casa, todav√≠a en obra negra. Vos pod√©s tambi√©n poner tu granito de arena. Esto no es ning√ļn correo masivo que pretende conmover al planeta: es un caso que conozco personalmente y en cuyos art√≠fices conf√≠o. Pod√©s colaborar haciendo m√°s grande la ola, poniendo la siguiente imagen como widget en tu blog, o aportando con lo que pod√°s en la cuenta de ahorros No: 24522355631 del banco Colmena a nombre de Catalina Restrepo.

Desde el sitio web de ConVerGentes, podremos estar al tanto de lo que vaya sucediendo con la cifra que se espera, y lo que se ir√° haciendo con ella.

√Čsta es la imagen de la campa√Īa. Clic para ir al post original de un ConVerGente

√Čsta es la imagen de la campa√Īa. Clic para ir al post original de un ConVerGente

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Howcast: un vadem√©cum digital
noviembre 26, 2008, 5:39 am
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Howcast logo

Hablando con un amigo palestino, luego de no habernos visto por¬† un buen tiempo, me lanz√≥ por Skype un v√≠nculo as√≠, de la nada, totalmente fuera del contexto de la conversaci√≥n. Cuando lo abr√≠, el video se titulaba ‚ÄėC√≥mo besar creativamente‚Äô. Era un tutorial que explica paso a paso, con herramientas, tips y muy brevemente ‚Äúhow to‚ÄĚ dar un beso de un modo‚Ķ diferente.

Segu√≠ ‚Äėcacharre√°ndole‚Äô al sitio, buscando m√°s videos interesantes, y me envici√©. Es un sitio lleno de ‚Äėhow to‚Äô lo-que-sea. No s√≥lo los videos son breves, claros e ilustrativos, sino que tienen un breve toque de humor. En una plataforma similar a la de YouTube, pero mejorada, se muestra en la l√≠nea de tiempo un punto cada que hay un paso, un tip, y al final del video se da un ‚Äėdato curioso‚Äô. Al lado derecho del v√≠deo se puede ver una versi√≥n ‘en diapositivas’ (llam√©moslo un storyboard) de la pieza hipermedial.

No encontré ninguna referencia a Howcast en en.Wikipedia, así que supongo que es todavía relativamente nuevo. Mejor les dejo una breve selección de los que me gustaron en mi breve pesquisa, y los invito a que visiten el sitio… hay de todo.

Ah, y como estábamos hablando de proyectos con mi amigo, resulta que va a proponer un par de producciones para Howcast. Cuando sepa algo, haré la bulla.

:: How to kiss creatively ::

:: How to solve the most common thanksgiving dinner disasters ::

:: How to behave at a gallery ::



De Biella a Barcelona (parte II)
noviembre 20, 2008, 6:07 am
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De c√≥mo empez√≥ la odisea, un lugar ca√≥tico y otros hermosos…

Qu√© noche de perros esa. Llegu√© a la sala de estar de Cittadellarte, donde estaban algunos de los residentes, los que saldr√≠an de viaje m√°s tarde o no viajar√≠an. Todos ya sab√≠an lo que me hab√≠a sucedido.¬† No sab√≠an ni qu√© decirme‚Ķ me miraban, con tristeza e indignaci√≥n inocultables, golpe√°ndome la espalda, sin decir nada. Hannah lleg√≥ con un par de cervezas para m√≠, ‚Äúto cheer me up‚ÄĚ, Sarah hab√≠a comprado ma√≠z en lata en el supermercado‚Ķ unos d√≠as antes le hab√≠a dicho en Esselunga que me gustaba mucho el sabor del ma√≠z dulce. Fueron muy prudentes todos. No preguntaron, no hablaban del tema. Sab√≠an que lo √ļltimo en el mundo de lo que quer√≠a hablar era de aquel viaje fallido, aunque tampoco hubiera nada diferente de eso que pasara por mi cabeza.

Sub√≠ temprano a mi habitaci√≥n, cosa rara. Dorm√≠ poco. Cuando ya estaba profundo, no s√© durante cu√°nto tiempo, llegan a tocarme la puerta. Era Beatrice: – ¬ŅQu√© decidiste? Tu tren sale en 40 minutos -. Ya eran las 11 de la ma√Īana. ‚Äď Tienes que decidir ya, porque si no, no alcanzas -. – ¬ŅTengo tiempo de darme una ducha? -. ‚ÄďS√≠, yo te llevo a la estaci√≥n.
Sal√≠ de la ducha. Una vez m√°s, la puerta. Era Yulia, una residente ucraniana. Se notaba que hab√≠a subido las escalas r√°pidamente: estaba agitada, ten√≠a la cara con un sutil sudor que brillaba sobre sus cejas y labios, y la tez m√°s blanca de lo normal. ‚Äď Daniel, por favor no lo hagas. Yo tengo amigos que han viajado sin documentos en tren, y una vez los coge la polic√≠a, pierden toda oportunidad de visa europea. Daniel, ellos hacen revisiones constantemente, no te arriesgues, no cierres tus puertas a Europa con tan solo la primera vez que se te abren -. La incertidumbre se volvi√≥ a apoderar de m√≠. Las cosas que pod√≠an pasar eran muchas, as√≠ otras personas me hubieran dicho que lo m√°ximo ser√≠a que no me dejan llegar a mi destino y me devuelven para Italia‚Ķ o para Colombia.

La decisión ya estaba tomada. No había vuelta de hoja. Me iba. Corría el riesgo. Le agradecí sinceramente a Yulia su preocupación, le dije que era algo que ya había decidido y que estaba dispuesto a correr el riesgo. Bajé, tomé mi equipaje que había dejado en la sala por el tedio de subirlo (y también por lo que simbólicamente acarreaba devolverlo a mi habitación), y me encontré con Beatrice en el parqueadero. Ella tiene uno de esos carritos chiquiticos, que no había visto en Colombia pero que en Italia, por causa de la casi imposibilidad de encontrar un lugar para parquear, estaban altamente en boga. En el camino, no hizo más que sonreírme, tranquilizarme, darme buena energía: РCuando estés asoleándote en la Costa Brava me llamas -. Yo tenía un susto impresionante. Pero estaba contento. Sonreía porque era la primera aventura de mi vida, cuya tranquilidad hasta ese momento había rozado los bordes del tedio.

– Bueno, tienes el primer tren hasta Ventimiglia. Te tienes que pasar en Torino. Desde all√°, haces el tiquete hasta Girona, porque desde ac√° no me dejaron hacer el tiquete internacional. Haces un tiquete que te lleva durante toda la noche hasta Montpellier, y de all√≠, ma√Īana en la ma√Īana, derechito para Girona, llegas al mediod√≠a -. Yo apenas me estaba acostumbrando al sistema de trenes europeo‚Ķ ‚Äútren a Torino, v√≠a Santhi√†‚ÄĚ, ‚Äútren a Ventimiglia v√≠a Torino‚ÄĚ, ‚Äútren a Girona v√≠a Santhi√†, Torino, Ventimiglia, Niza, Port Bou y Figueres‚ÄĚ. Un caos.

Suspir√©, la abrac√© y la bendije, le agradec√≠, y tom√© el primer tren: Biella ‚Äď Santhi√† ‚Äď Torino ‚Äď Ventimiglia. Me hab√≠a llevado un libro, ya ni recuerdo cu√°l. √Čdgar, el esposo de mi prima, me hab√≠a dicho que su hermano hab√≠a hecho lo mismo de viajar sin documentos, pero de Girona a una ciudad Alemana, y que con un libro en las manos no le pidieron nunca su pasaporte‚Ķ ni siquiera el tiquete del tren. No le√≠ mucho, qu√© va, pero ese libro siempre estuvo abierto enfrente de m√≠. Beatrice me hab√≠a ya comprado yogurts, briosches, queso, jam√≥n y agua, porque no hab√≠a desayunado nada.

Esos trenes ni los sent√≠. Ya estaba en el que iba de Torino a Ventimiglia: el √ļltimo antes de cruzar una frontera. Hasta ese momento, yo no estaba haciendo nada fuera de regla.¬† Ventimiglia es una ciudad relativamente peque√Īa, cerca de Genova, en la que se habla mucho franc√©s adem√°s del italiano, por la cercan√≠a a la frontera entre estos dos pa√≠ses. Sus paisajes son los mismos que la literatura cuenta del sur de Francia: monta√Īas escarpadas, diminutas aglomeraciones de casas en lugares aparentemente imposibles de habitar, hondonadas inveros√≠miles y muchos t√ļneles para los trenes. Cuando √≠bamos hacia all√°, una se√Īora que no hablaba sino franc√©s me estaba pidiendo indicaciones‚Ķ casi no doy con explicarle, hasta que record√© que alguien hab√≠a dicho que hablar italiano con acento franc√©s bastaba. Eso hice, y parece que funcion√≥, aunque no estoy de acuerdo con balbucear un idioma sin conocerlo, irrespet√°ndolo. Al final la se√Īora se pas√≥ una estaci√≥n, pero no fue por mi culpa.

Llegando a Ventimiglia
Llegu√© a Ventimiglia. Ahora la memoria empieza a fallarme‚Ķ no recuerdo qu√© fue lo que pas√≥ que no pude hacer el tiquete directo hasta Girona. El caso es que ten√≠a que llegar a Niza, y all√≠ hacer el tiquete para suelos catalanes. Ten√≠a un par de horas antes de que saliera el tren para Francia, as√≠ que sal√≠ a conocer Ventimiglia, con tanto pavor por cometer un error y perder el tren, que no me alej√© m√°s de una cuadra. Pero fue suficiente. Al frente de la estaci√≥n hab√≠a una fuente sencill√≠sima, pero el sol que presagiaba el verano de las costas al sur, le daba un brillo alucinante. Me sent√≠a ya en Francia. Las facciones de los habitantes me daban esa sensaci√≥n, como tambi√©n lo hac√≠an sus palabras. Estaba contento. Tranquilo, sobre todo. No s√© por qu√©, pero as√≠ era. Me empezaba a dar cuenta de que los largos momentos de soledad generan un autoconocimiento incre√≠ble, me sent√≠a contento en mi propia compa√Ī√≠a, confiaba en m√≠ mismo.

Me com√≠ una hamburguesa, creo, y luego un helado. Incluso en la m√°s lejana frontera italiana parece que sus helados son ambros√≠a. Me han hecho un da√Īo inmenso, porque no podr√© jam√°s disfrutar de las delicias de un helado en otro lugar que no sea Italia. Volv√≠ a la estaci√≥n como media hora antes de que saliera el tren, y esper√© a que llegara. Cuando me mont√©, vi que era uno de esos de dos pisos, largu√≠simo, le cab√≠a mucha gente. Tom√© asiento, y esper√©. Lleg√≥ la hora de partida, y nada. Ese tren petrificado. Diez minutos, y nada. Quince minutos, y lleg√≥ otro tren. Casi todos sus pasajeros, por mentir diciendo que la totalidad, se pasaron para el tren en el que yo estaba. No le cab√≠a un alma a esas carrozas, que personificaron los tarritos de salchichas vienesas. Unos encima de otros, gentes de todos los colores, una torre de Babel en horizontal.

Foto durante el viaje. No era momento de salida o entrada.

Foto durante el viaje. No era momento de salida o entrada.

Arrancó ese aparato, y no fue mucho lo que pasó hasta semejante aparición: la Costa Azul. Yo estaba esperando ver el mar hasta llegar a Girona, en alguna de las playas de la Costa Brava, o en Barcelona; nunca me imaginé ver desde tan cerca esas aguas que ya había sobrevolado cuando iba de Madrid a Milano. Ahí sí que fui feliz. Un azul imposible, un cielo límpido, un sol que no quemaba pero que le daba al ambiente un toque anaranjado hermoso. Todo esto, disfrutado sólo desde lo que podía verse por la ventana del tren y los centenares de cuerpos que se atravesaban entre mis ojos y el exterior.

Llegué a Niza. Desde ese momento en adelante sé cuál es la personificación del caos. La estación de Niza estaba increíblemente atiborrada de gente, de ruidos, de olores, de movimiento, de gente corriendo, de información, de desinformación. Y yo, ni pisca de susto. No sé qué se hizo, pero no tenía más el miedo del principio. Ya había pasado la primera de dos fronteras que tenía que pasar. Ahora lo que tenía que comprar era el tiquete para llegar a Girona.

Bueno, hay que retomar lo de los horarios: sal√≠ de Biella como a las 11 de la ma√Īana del viernes. A las 5 o 6 ya estaba en Ventimiglia, y a las 8 en Niza, todav√≠a con un solazo hermoso. El tren sal√≠a de Niza a Montpellier a las 9 (creo), y no parec√≠a haber modo de comprar el tiquete antes de una hora. Con lo tranquilo que estaba, y viendo que todo estaba saliendo bien, hasta ese momento, decid√≠ que no hab√≠a m√°s que esperar que el destino siguiera mostr√°ndome el camino. Siguiente paso, averiguar si se pod√≠a hacer algo que no fuera la fila, por el hecho de que el tren se fuera a ir: negativo. Segundo paso, hacer la fila como todos los cristianos.

Pasaron las 8:30, las 8:45, las 9:00, se fue el tren. Detr√°s de m√≠ hab√≠a una muchacha, creo que italiana. Era la √ļltima persona que el polic√≠a hab√≠a dejado hacer la fila, porque luego cerraban las taquillas. Como que lo √ļnico que hac√≠a falta era que se fuera mi tren, para que de la fila quilom√©trica pasara yo a ser el siguiente. ‚ÄďUn tiquete para Girona, Espa√Īa, por favor-. ‚ÄďJoven, el pr√≥ximo es para ma√Īana a las seis de la ma√Īana-. ‚ÄďNo importa-.

Sal√≠ de la estaci√≥n. Ya estaba oscureciendo, como cuando en Medell√≠n son las 6:15. Pero, ¬Ņqu√© hab√≠a acabado de hacer? Hab√≠a decidido pasar la noche en Niza.



De Biella a Barcelona (parte I)
noviembre 19, 2008, 3:20 am
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Esto de retomar las actividades en un blog me hace recordar eso que dec√≠an en la Universidad sobre el temor a la hoja en blanco. Pues bien, confieso que me siento extra√Īo, pero tambi√©n siento la necesidad de contar‚Ķ cosas, de contar s√≥lo por hacerlo. Estos √ļltimos meses han sido una locura. Tener la oportunidad de acercarse a la cultura europea siempre fue un deseo, y verlo convertirse en realidad es algo que todav√≠a no asimilo.

Quisiera comenzar cronológicamente, eso me remontaría a hace un par de meses, cuando ni siquiera tenía tiempo ni, lo confieso, muchas ganas de bloguear.


La idea de Barcelona, el aeropuerto, lo que all√≠ sucedi√≥ y la ma√Īana siguiente‚Ķ

Estando en Biella ‚Äď Italia, haciendo parte de UNIDEE in Residence, un programa internacional de residencia multidisciplinaria, hab√≠a hablado con mi prima que vive en Girona, al norte de Barcelona. La sola idea de verla de nuevo me alegraba, y m√°s a√ļn sabiendo que adem√°s iba a conocer una ciudad mundialmente conocida por su cultura, su arquitectura y sus playas. Un par de semanas antes hab√≠a comprado los tiquetes con Ryanair, una aerol√≠nea lowcost que tiene entre sus rutas Milano (Bergamo) y Barcelona (Girona). 120 euros ida y vuelta no eran nada comparados con lo que habr√≠a costado en tren, que ser√≠a lo mismo s√≥lo la ida. Ah, pero hac√≠an enf√°ticamente la aclaraci√≥n de que NO DEVUELVEN DINERO por ning√ļn motivo.

En fin, no me afectaba mucho esa advertencia, no ten√≠a ning√ļn inconveniente en cuanto a los documentos porque en la Questura (una parte de la ‚ÄėPolizia di Stato‚Äô que ‚Äúasegura el orden y la seguridad p√ļblica‚ÄĚ) me hab√≠an dicho que con mostrar el documento que mostraba que estaba esperando el Permesso di Soggiorno (documento que reemplaza la visa), s√≥lo esper√°ndolo pero que ya me hab√≠an aceptado, no habr√≠a ning√ļn problema.

Tren a Bergamo, que por cierto no es Milano pero √©sta gente de Ryanair lo vende como tal, y luego el bus, que tambi√©n lo administran ellos y vale tres o cuatro veces lo normal, y ya estaba en Orio al Serio, el aeropuerto de Bergamo. Por pura prevenci√≥n, sabiendo que soy colombiano y que nuestro pasaporte es algo ‚Äėproblem√°tico‚Äô, me hab√≠a ido con unas tres o cuatro horas de antelaci√≥n, ‚Äúpor si las moscas‚ÄĚ. Sin embargo, el check-in s√≥lo se pod√≠a hacer dos horas antes, entonces tuve que esperar un rato. Pasaron la hora y piquito que hac√≠an falta, y me dirig√≠ al check-in.

Una muchacha italiana, muy amable ella, me hizo pasar el equipaje por un lado para pesarlo, y me pidi√≥ pasaporte. Luego me pidi√≥ el Permesso di soggiorno, y yo le hice ver el documento que lo soportaba, como me dijeron en la Questura. Mirada de pena, ‚Äėmi spiace ma con questo non puoi viaggiare‚Äô, y la hecatombe dentro de m√≠. Luego de un par de palabras con ella, muy amable todo hay que decirlo, me dijo que pod√≠a ir a hablar con la polic√≠a, en el segundo piso. Con el coraz√≥n a mil, todav√≠a incr√©dulo y la esperanza de que se corrigiera el error, fui y toqu√© en la oficina de los polic√≠as.

Qu√© cosa tan rara. Los polic√≠as italianos son amables. Pero no pueden (o no quieren, no lo s√©) hacer m√°s de lo que dicen sal√≠rsele de las manos. ‚ÄúYa les hemos dicho a los de Ryanair que no nos manden gente, que nosotros no podemos hacer nada‚ÄĚ. Y vuelva y escuche ese ‚Äúmi spiace, ma non possiamo fare niente‚ÄĚ.

No lo pod√≠a creer. Al d√≠a siguiente era el cumplea√Īos de mi mam√°, y la idea era que me viera al lado de una sobrina tan querida, desde tan lejos, los dos juntos. Ella ya sab√≠a que iba para all√°, pero no que nos iba a ver, gracias a aquello de una webcam y Skype o Messenger. No me aguant√©, sal√≠ de la oficina de la polic√≠a pero me qued√© en la sala de espera, totalmente desierta. Llor√©. Mucho. Pero en silencio. No s√© cu√°nto tiempo pas√≥. Para m√≠ fue mucho, pero pudieron haber sido cinco minutos. Uno de los polic√≠as que escuch√≥ mi historia iba a salir, y al verme en la sala de espera se devolvi√≥ a contarle al resto (otros dos, el que me atendi√≥ y otro que ni me mir√≥ desde su escritorio lejano) que ‚Äėeste muchacho todav√≠a est√° aqu√≠‚Ķ y est√° llorando‚Äô.

Me hicieron volver a entrar. Me tranquilizaron. Me dieron agua. Tom√© aire, y cont√© lo de la mam√°, lo estaba guardando como √ļltima estrategia de conmoci√≥n (?). Hicieron cara de ‚Äúqu√© cagada‚ÄĚ y empezaron a buscar el modo de solucionar la situaci√≥n. Que llamara a la embajada colombiana en Italia; que no, que est√° en Roma; que bueno, que entonces llame al consulado en Milano; que no, que est√°n en huelga; que espere, que el polic√≠a conoc√≠a alguien en la embajada de Espa√Īa‚Ķ llamaron a la conocida; nada, no era competencia de ellos.

Y vuelva y juegue con el ‚Äúmi spiace, non so che cosa dirti‚ÄĚ. Ya me iba yo a ir otra vez, con una cara que deb√≠a dar una profunda l√°stima, cuando uno de ellos dice, ‚Äú¬Ņy por qu√© no te vas en tren?‚ÄĚ. Responde el otro (mirando al primero con algo de ‚Äú¬°quedate callado guev√≥n!‚ÄĚ), ‚Äúeh‚Ķ s√≠, en tren no te piden ning√ļn documento‚ÄĚ. Yo no hice m√°s que sonre√≠r por su buena voluntad, pero el bolsillito no aguantaba semejante inversi√≥n tan descomunal. Ser√≠an unos 250 euros, m√°s o menos, por ida y vuelta. No. No hab√≠a ninguna posibilidad.

Se los agradec√≠, para no hacerlos sentir rid√≠culos con la sugerencia les dije que ‚Äúde pronto me iba en tren‚ÄĚ, pero ni siquiera exist√≠a como posibilidad. Me qued√© un rato m√°s en la sala de espera, esperando que esos ojos bajaran del rojo sangriento al rosadito de sue√Īo, pero fue imposible. Sal√≠ de la sala de espera, hice un par de llamadas para informar a la Fundaci√≥n de lo que hab√≠a pasado, llam√© a un amigo que vive en Milano para tambi√©n comentarle, y me sent√© a pensar bobadas.

De la fundaci√≥n intentaron hacer lo que pudieron, visto que la Questura dio informaci√≥n err√≥nea, pero nada. Ya me hab√≠a yo hecho a la idea del primer verano de mi vida‚Ķ en Biella. Qu√© pereza. En el bus del aeropuerto a la estaci√≥n de trenes (que no recuerdo el momento en que lo tom√©) llam√© a mi prima en Girona a decirle lo que hab√≠a pasado. Luego a mi mam√°, haciendo finta de que no estaba mal, que esas cosas pasaban. Menos mal me crey√≥. Luego mi prima me llama y me dice, ‚ÄúDaniel, esto iba a ser una sorpresa, pero te tenemos tiquetes para el partido del s√°bado en la noche entre el Bar√ßa y Boca‚Ä̂Ķ Muchas gracias, prima, ahora me siento mucho mejor. No solo me iba a perder su compa√Ī√≠a, la ciudad de Barcelona y todo lo que implica, sino tambi√©n la posibilidad de conocer uno de los templos del f√ļtbol mundial (que por cierto es bien dif√≠cil conocer en acci√≥n, dado que casi todas las entradas est√°n reservadas por los integrantes del club, ciudadanos catalanes).

Y la idea del tren en mi cabeza‚Ķ ah, era demasiado dinero. Ni hablar. Llegu√© a Biella, Beatrice me recogi√≥ en la estaci√≥n. No parec√≠a mucho, pero estaba destruido. En el camino de vuelta a Cittadellarte, me dijo que tranquilo, que me iba en tren. Yo me re√≠, le dije que esa no era una posibilidad. ‚Äú¬ŅC√≥mo est√° tu presupuesto para el proyecto en Cittadellarte?‚ÄĚ. ‚Äď ‚Äúintacto‚ÄĚ, dije. ‚ÄúTranquilo, los tiquetes del tren no los pagas t√ļ‚ÄĚ.