Buen Punto…


Vuelve la esperanza

El cine colombiano dejó de interesarme hace mucho tiempo. Siempre he visto cada título nuevo con desdén, con desinterés y hasta con una vergüenza preestablecida: sin ver el film ya sentía pena ajena por los lugares comunes, los tontísimos errores técnicos, la falta de creatividad y la ausencia de historias nuevas.

Si bien recuerdo con cariño algunas de las pocas películas colombianas que he visto (Satanás, La estrategia del caracol, La vendedora de rosas, son las que se me vienen a la mente), la que vi en 2010 ha sido, bajo mi ignorante ojo de cinéfilo, la peor calamidad audiovisual que ha pasado por mis retinas: El Paseo. Qué bodrio rosado y mal hecho, qué telenovela de dos horas tan espantosa, qué cantidad de tiempo y dinero invertido en la estupidez.

Pero bueno, mejor me calmo porque la verdad estoy muy contento. Dos años después de esa película innombrable, a la que le harán segunda parte (bendito sea mi Dios, qué tortura), me invitaron a ver “Sofía y el terco”. No leí nada antes de verla, no vi el tráiler, no escuché reseñas: nunca lo hago, prefiero sentarme y sorprenderme, ojalá positivamente. Y desde el primer minuto se me dibujó una sonrisa… luego mutó en pucheros, lágrimas y suspiros, a lo largo de cada fotograma.

No me gusta la condescendencia con lo propio. “Es que es cine colombiano, hay que apoyarlo”. ¿Puede haber una posición más autoindulgente y perdedora? Países con condiciones similares a las nuestras han salido de la nada con excelentes producciones cinematográficas. Argentina, México, Irán, Brasil, por decir algunos, han puesto más de una huella en la historia del cine reciente. Cuál que apoyemos lo nuestro por ser nuestro, uno va a cine a entretenerse, a sorprenderse, a divertirse, no por compasión.

Es cierto que el apoyo que reciben los productores colombianos es miserable, si se lo compara con las industrias cinematográficas de otros países, pero para que la confianza y las monedas se depositen en los bolsillos del cine, es necesario sorprender con poco, innovar con austeridad y cautivar con los detalles.

Eso es precisamente lo que, a mi modo de ver, logra Burgos con su última producción. Esa resignación amorosa de Sofía, esa torpeza arrogante de Alfredo, esa complicidad inocente de Mercedes, y todo un ambiente visual tranquilo, bucólico, lento, que se puede saborear, son razones para considerarla como la mejor película colombiana que he visto hasta el momento (aclarando que la lista de pendientes es enorme).

Lo único que no me convenció fue la música… en ciertos momentos hubiera sido mejor “disfrutar del silencio”, como dicen los de Depeche Mode, pero seguramente es un asunto que pasa desapercibido ante la cantidad de detalles conmovedores.

Aprovechen que está en cartelera y disfrútenla.

@DanielUP

PS: del director, Andrés Burgos, no sabía nada (salvo que en Twitter es un tipo divertido), pero la curiosidad me llevó a este corto que produjo hace unos años.



¡Resucita, blog!
julio 17, 2012, 3:03 am
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Esta sensación de mutismo inerte, eso que en la Universidad nos decían que se llamaba el “temor a la hoja en blanco”, ya me ha invadido varias veces. Lo que pasa es que hace tanto tiempo no “escribo”, entre comillas porque es una labor de cuidado y respeto, que ver este cadáver web con más de tres años descomponiéndose es lo mismo que ver una hoja en blanco.

Y qué patético veo que el primer empujón que le doy a este coso para que resucite sea una explicación, una aclaración de las razones para que se me haya ocurrido volver a darle vida. En fin, sentirme patético tampoco es una novedad. En resumen, la razón es que me dio la gana.

La explicación larga incluiría un par de anotaciones existenciales sobre la decadencia de Twitter, la mención de varios temas sobre los que he escrito o quisiera escribir y no los he publicado, la lástima que me daba ver el título “Buen punto” cada que abría WordPress para publicar sobre El Puente Lab, ver que me la pasaba leyendo algunos amigos y no tener cómo responderles por medio de “cartas abiertas”, y quién sabe qué otra razón que ahora se me olvida.

Escribir más de tres párrafos con un propósito tan tonto sería un despropósito. Mejor lo dejo ahí. Adelanto que el primer tema del que quiero hablar es de la tauromaquia (sí, un tema increíblemente original y jamás abordado por nadie en Medellín (?)), pero nada más porque quiero lanzar un par de improperios anti-antitaurinos, dejar sentadas un par de posiciones sobre ese tema ahora que no está tan de moda, y torear un poco las opiniones de algunos jugando al ser el abogado del diablo.

@DanielUP



Denuncia contra El Colombiano (texto ajeno)

Publico aquí un asunto de interés para todos los antioqueños que amamos la democracia, el respeto de la libre expresión y la prensa independiente. Es un texto publicado por un grupo que se hace conocer como “Ciudadanos por la decencia en los medios de comunicación”, y considero oportuno para estos días de oscurantismo medieval en Colombia:

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Por profundamente antidemocrático, intolerante y ataques permanentes a la libertad de expresión, los CIUDADANOS POR LA DECENCIA EN LOS MEDIOS de Medellín (Colombia) denunciamos el periódico EL COLOMBIANO de esta ciudad, quien ha instaurado una especie de INQUISICION en el departamento de Antioquia; pontifica sobre quiénes son los “buenos y los malos”, sobre quienes son correctos en política y acciones culturales, los pensadores leales a la política de guerra que desangra a Colombia y los desleales a esa política, los columnistas y escritores a quienes se les puede publicar, los personajes que merecen espacio en sus páginas.

Desde sus editoriales y columnas de opinión se emiten apasionadas e infundadas acusaciones contra la Alcaldía de Medellín, funcionarios públicos, directores de prestigiosas, democráticas y eficientes instituciones culturales como Corporación Otraparte, Comfenalco, Confiar, Corporación Cultural Nuestra Gente, Museo de Antioquia, Teatro Matacandelas, Universidad de Antioquia, y otras. También las emprende en términos desobligantes contra dirigentes de oposición política, contra escritores de reconocida trayectoria y contra todo aquello que represente el pensamiento crítico independiente.

Los propietarios y editorialistas de este periódico invocan con frecuencia las palabras SINDERESIS Y MESURA, con el fin de vanagloriarse de posturas aparentemente democráticas y ecuánimes. Sin embargo, esconden tras ese lenguaje sibilino un periodismo dogmático, camorrero, irrespetuoso de la diferencia, de persecución al diferente y sectáreo. En su historial, hay que reconocer que este periódico ha sido fiel y consecuente con su ideología terrateniente, conservadora, ultraclerical y elitista. No defiende los intereses del bien común, aunque funge de ello, sino los intereses de clase opulenta, comerciales, empresariales y bancarios más poderosos de la región y del país.

Este periódico hace parte de lo que internacionalmente se denomina “LATIFUNDIO MEDIATICO”, por ser de esas empresas que se lucran de la información, y pertenecen a familias o clanes familiares vinculados con la tenencia de grandes extensiones de tierra, conectados, por ende, a otros intereses económicos. Desde sus editoriales defiende como un dogma la pretendida eficiencia de LA SEGURIDAD DEMOCRATICA, la misma que paga con recompensas por más crímenes y desmanes. También, se ha convertido en otro diario GOLPISTA al celebrar de modo soterrado intentos desestabilizadores de gobiernos elegidos democráticamente. No escapan a su estigmatización afilada, los eventos que establecen lazos de amistad con los diversos países latinoamericanos. Veamos:

En las últimas semanas, este diario ha enfilado baterías para criticar destructiva y antidemocráticamente, la realización de una Feria del Libro de Medellín, auspiciada por la Alcaldía, en asocio con una red de organizaciones culturales y sociales, juveniles e institucionales. Se fundamentan en que la feria va a conmemorar los 50 años de La Revolución Cubana; despotrican de sus organizadores, de cientos de jóvenes que apoyan ese esfuerzo, de líderes culturales e intelectuales. Según ese diario, el nombre de Cuba no debería siquiera figurar en ningún stand de la feria, pues representa algo así como el “satan” de América. Insisten en satanizar no sólo a Cuba, sino a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, y todos aquellos países que no se parecen a la concepción económico política de los propietarios de ese diario. Hacemos hincapié en esto, porque si hoy condenan que se le de cabida a los artistas de Cuba, mañana nos prohibirán a los de Venezuela, Ecuador, etc. Tal animadversión con países con direcciones estatales distintas, es una demostración franca de dogmatismo y fanatismo que raya la inquisición y el macartismo.

Aunque El Colombiano condenó el golpe de Estado en Honduras, sus informes y columnas editoriales tienden a legitimar y apoyar el quiebre democrático en este país. Esto no es extraño, pues fue uno de los primeros diarios en América Latina en celebrar el fallido golpe de estado contra el presidente Chávez en Venezuela. Llama la atención que los patrones de El Colombiano exijan a su caricaturista de planta, Esteban Paris, que invente 3 caricaturas semanales para ridiculizar a Chávez, como si este personaje les impidiera dormir.

El Colombiano, fiel a esa línea intolerante que niega la libertad de expresión, ha venido separando a colaboradores y columnistas, con el fin de dejar solo a los que coincidan con su línea editorial. Empezaron con el civilista y democrático periodista Reinaldo Spitaletta; luego, alegando “reorganización interna”, sacaron a escritores reconocidos por su probidad y verticalidad en la defensa de los DDHH, entre ellos el hoy director de El Espectador, Héctor Abad Faciolince, luego,-el más notorio- el maestro y estandarte del periodismo ético en Colombia, el periodista Javier Darío Restrepo. También, siguieron la fila de descabezados el periodista Pascual Gaviria y hace poco el profesor de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, Gonzalo Medina.

Hace unos meses, desde las páginas de ese diario, emprendieron una campaña de amedrentamiento contra el Secretario de Cultura de Medellín, el señor Jorge Melguizo, reconocido trabajador de la cultura en esta ciudad. Su delito fue haber hecho unas precisiones inteligentes sobre el humor del comediante “Montecristo”, las cuales todas las personas sensatas, libres y responsables con el respeto al diferente compartimos.

El Colombiano, como el diario más influyente en la región antioqueña, ejerce una fuerte marca en la opinión pública. Conscientes de ello, sus propietarios manipulan la información nacional e internacional con el fin de mantener una visión favorable al establecimiento de exclusiones, privilegios, corrupción e inequidad que a ellos favorece. Se ha convertido en uno de los principales artífices del atraso y la ignorancia política en la región, al servirles de resonador a caudillos, gamonales y políticos falaces que encarnan el poder elitista y corrupto que dirige los destinos de los estados.

Ese diario defiende una “democracia” retórica que afianza intereses económicos privados y multinacionales, también un gobierno salpicado de crímenes y violaciones a los DDHH y a convenios internacionales. Ha dado cabida en sus páginas de opinión a turbios y siniestros personajes de la política nacional como el exministro Fernando Londoño hoyos, defraudador del Estado. Fue el diario que más contribuyó a legitimar a las AUC (paramilitares) cuando empezaron su escabroso recorrido de crimen con las primeras masacres que sacudieron el país en los 90. Llegó a titular las fotos de sus combatientes como “guerreros de la paz”.

Los antioqueños merecemos un diario democrático, civilista, respetuoso de todos los pensamientos y diferencias; que controvierta pero con espíritu constructivo y veraz; que promueva el pluralismo, el respeto a la alteridad, el compromiso con la ética.

CIUDADANOS POR LA DECENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACION

Medellín -Colombia-

Julio de 2009

FAVOR DIFUNDIR ESTA DENUNCIA

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¡¡Felicitaciones, ConVerGentes!!

La mejor muestra de que para hacer patria no hay que salir del país. Un grupo de jóvenes de La Loma, vereda del corregimiento de San Cristóbal en Medellín, con el apoyo de diferentes instituciones como la Biblioteca Pública Piloto filial La Loma, Global Voices y la atenta mirada de la administración local, lograron el reconocimiento de Prix Ars Electrónica, una organización Suiza que apoya las artes electrónicas e interactivas.

A todos los muchachos (Akenaton, AngelgothBaúl de letras, Coronel Murión, Cosas del alma, De pura sepa, Don Blog Pérez, Eclíptica, El extraño mundo, EntiéndeloEsas voces que nos lleganExprésate, La bitácora mutante, La voz del silencioLeer para Ver, Lluvia del locurasOjo al Texto, StigmaTejiendo historia, Unknown II) y a sus mentores, Gabriel, Álvaro y David, las más sinceras felicitaciones, y augurios de más éxitos en el futuro.

::Ver el Boletín de Prensa::



Blogueando en Moravia
Vista de La Bermejala (canalización) desde el CDCM

Vista de La Bermejala (canalización) desde el CDCM

Yo parezco ser de los tantos predicadores que no aplican. Hablo muy bien, tengo la idea clara, pero a la hora de ejecutar, nada. Y lo digo porque una de las cosas que me ha tenido ocupado las últimas semanas, además del trabajo y lo usual, es una serie de talleres que estoy dictando en Moravia a un grupo de estudiantes del colegio Fe y Alegría, sobre….. emm… sí, “blogging”.

Sabiendo que hace rato que no escribo en este medio, y que no soy del tipo de blogueros “exitosos” leídos por media blogósfera, que leo muchos blogs pero no soy el más interactivo de los visitantes, y que me doy cuenta de que tenía algo por decir, luego de que perdiera su vigencia, cuando ya ‘no se usa’.

Esta serie de talleres hace parte del aporte que el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia (CDCM) le hace a su comunidad, ofreciendo no sólo una plataforma arquitectónica y logística para la promoción de expresiones culturales, sino un impacto que se adapte a las condiciones del entorno mismo, propuestas que nazcan de la comunidad para su propio bienestar (deshaciéndose de entrada del intervencionismo).

En términos prácticos, se trata de una serie de talleres que se dictan a jóvenes de la Institución Educativa Fe y  Alegría, jóvenes entre los 12 y los 17 años de edad. Durante 10 reuniones, cada una de dos horas, se acerca a los participantes al mundo de la Web 2.0, con el blog como un primer paso para luego integrar, en laboratorios futuros, otras herramientas que le aporten multimedia a los blogs.

La idea es crear un grupo de jóvenes interesados por las nuevas tecnologías, la Web 2.0 y la LibreCultura, para posteriormente continuar ejecutando proyectos con el apoyo del CDCM, atendiendo a sus principios de transformación responsable de la sociedad por medio de la cultura.

Hasta el momento, la cantidad de blogueros ha sido bastante cambiante… no basta con tener un grupo de jóvenes interesados en estos temas; además hay que capacitarlos en cuanto a redacción escrita, hay que despertarles y motivarles la creatividad para que las próximas ideas que surjan sean de sus cabezas, hay que contar con el apoyo institucional de un colegio en el que, por falta de información, varios estudiantes se han perdido de los talleres.

En fin. Es un camino largo y difícil, pero sin duda los resultados serán satisfactorios. Próximamente seguiré posteando sobre lo que se esté hablando desde Moravia… sólo adelanto que el ideal de los blogs es que hablen de la realidad de Moravia, aunque los jóvenes son libres de elegir tanto los temas como los enfoques; hasta el momento, hay interesados en temas como la moda, el fútbol, el ultimate, la música, el tecktonik, el reggae, el hip hop, la comunidad LGTB, programas y tips tecnológicos, anticoncepción y maternidad en jóvenes, la transformación de Moravia vista desde un joven, el teatro…

¡Amanecerá y veremos!



De la Feria de las Flores y Santa Elena
Foto tomada de Flickr CC. Autor: Raúl Egúsquiza

Foto tomada de Flickr CC. Autor: Raúl Egúsquiza

Nunca he visitado Santa Elena durante la Feria de las Flores. Dicen que es un destino inevitable dado que es allí donde se diseñan las silletas que luego recorren ese espacio a pié (que luego de recorrerlo en carro me parece inhumano), para luego desfilar por las calles de la coqueta Medellín.

Las personas con que había hablado afirmaban haber visitado este corregimiento al oriente de Medellín la víspera del Desfile de Silleteros, que la fiesta era increíble, que la amabilidad de los habitantes del pueblo era incondicional, que las calles se inundaban de gente contenta y curiosa por el arte de crear esculturas con flores, y que cada año la cantidad de visitantes se incrementaba exponencialmente.

Hace un par de días estuve en Santa Elena, por motivos laborales, durante gran parte de la jornada. En efecto, la carretera es custodiada por campos florales y paredes arbóreas con motes coloridos. Las flores son protagonistas tanto de la economía de Santa Elena como del diario vivir.

Hablando con un señor, a quien llamaremos “Don Carlos”, me di cuenta de varias cosas que no me imaginé antes. Él no vive en Santa Elena, pero pasa allí casi toda su vida. Vive en San Antonio de Prado (sí, precisamente en el corregimiento al otro polo de Medellín) y se tiene que levantar a las cuatro de la mañana, esperando demorarse menos de las tres horas corrientes de recorrido que se pronostica, y la travesía se repite en la tarde-noche, todos los días.

Puse el tema de la Feria de las Flores, diciendo que me avergonzaba de no haber visitado Santa Elena durante esos días. Don Carlos me miró con una cara entre aguantándose la risa y abochornándose a la vez, y me dijo, “no le dé pena, joven… no se pierde de nada”.

Obviamente quien se abochornó en ese momento fui yo, y le pregunté por qué. “En Santa Elena no es que disfrutemos mucho la visita que nos hacen cada año, por los días de la Feria”, me dijo. “Mire, muchacho, ese montón de gente lo único que hace es venir a emborracharse, volver las calles una nada, molestar a los artesanos, y luego se vuelven a ir, dejando el parque, las calles y toda Santa Elena vuelta un chiquero”.

Es claro que todo evento multitudinario acarrea un impacto en el ambiente que lo hospeda, pero ingenuamente yo no había pensado en ese aspecto, y como todos se asombran de la amabilidad del pueblo de aquel corregimiento, supuse que se debía a la “alegría de recibir un visitante”.

“Nooo muchacho, acá somos muy amables pero es porque no nos gusta quedar mal con la gente. Pero imagínese… los artesanos trasnochan toda la semana haciendo las silletas, para que luego venga un montón de gente a molestarlos justo en los últimos momentos, cuando están terminando de construirlas. Esa semana es tremenda”, remató don Carlos.

Foto tomada de Flickr CC. Autor: Raúl Egúsquiza

Foto tomada de Flickr CC. Autor: Raúl Egúsquiza

Yo me considero orgullosamente paisa, antioqueño, y mitad envigadeño y medellinense. Y creo que eventos del tipo de la Feria de las Flores sirve para reforzar nuestra identidad antioqueña. Lo que me entristece es que precisamente se refuerce el prototipo del paisa bebedor, conchudo y charlatán, no sólo con esto que encontré en Santa Elena, sino también, y mucho más triste aún, con los atropellos que a los animales se da durante la cabalgata.

No sé si vaya a ir a Santa Elena en la próxima Feria de las Flores; pero al menos don Carlos ya se compró una casita en esas tierras, de las que se enamoró trabajando, y se va a ahorrar seis horas de viaje diario, y va a disfrutar de los paisajes y el clima templado del corregimiento.



“Las tortugas pueden volar”: los protagonistas reales de la guerra
Poster de la pelicula

Poster de la película

Por éstos días de desocupe y ocio obligados (léase desempleo), una buena opción es desatrasarse en lo que sea. Para mi caso, desastroso es el retardo en libros, y calamitoso el de cine. Decidí alquilar algunas películas para menguar (o al menos intentarlo) mi total anacronía cinematográfica, y me encontré con un buen film: Las Tortugas Pueden Volar.

Bahman Ghobadi, su escritor, director y productor, cambia los papeles protagónicos de la “guerra” en Irak, poniendo en primer lugar al pueblo iraquí (en éste caso los niños de un pequeño poblado del Kurdistán iraquí, cerca de la frontera entre Irán y Turquía), y como personajes secundarios a los dictadores/fascistas de turno (como el mismo director los llama) en Estados Unidos e Irak, Bush y Hussein.

Un pueblo que ansía información sobre el desenvolvimiento de esta mal llamada “guerra”, encuentra en un niño el mejor gestor al negociar una antena parabólica para ver los noticieros. Sin embargo, no es este medio el que les permite enterarse en un modo fehaciente de lo que ocurrirá… en lugar de la tecnología, un don arcano, casi místico, es el que provee la preciada información sobre lo que saben que pasará, pero no cuándo será.

Un acercamiento a los primeros días de la invasión estadounidense en Irak, se convierten en la excusa perfecta para que Ghobadi muestre al mundo el suplicio de las desapariciones, las minas antipersonas, los mutilados, las agresiones sexuales y otras secuelas intrínsecas a toda guerra.

Con una fotografía sobria, nada espectacular, empero encantadora, Shahram Assadi (director de fotografía) retrata los paisajes fronterizos entre Irak, Irán y Turquía. Además, Las Tortugas Pueden Volar es una muestra más de lo que ya Víctor Gaviria nos ha hecho reconocer como los “actores naturales, puesto que todos los niños que participan en éste largometraje no son profesionales, sino oriundos de la zona en que se desenvuelve la historia.

Si no tanto por su calidad técnica, por su capacidad ilustrativa recomiendo Las Tortugas Pueden Volar (traducida también como “Las Tortugas también vuelan”), un largometraje hecho con las uñas en tiempos y tierras de guerra.

PS: A quienes la hayan visto o la vean luego de mi recomendación, una pregunta: ¿entienden el título? Mi hermanita dice que en un momento el niño protagonista llama al pueblo “sus tortugas”. No estoy seguro. También he escuchado que es por el parecido entre la forma de las minas y las tortugas.




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